
Si ha llegado hasta aquí, ya recorrimos juntos un buen trecho. Arrancamos recordando la política analógica, ese mundo donde todo pasaba lento y cara a cara. Luego hablamos de cómo nos conectamos masivamente y cómo la política colombiana dio su primer gran salto digital con la Ola Verde.
Hoy toca hacernos una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿Quién está mirando todo esto? ¿En dónde se alojan todos nuestros datos?
Porque mientras conversábamos, compartíamos memes y nos organizábamos en redes, algo más crecía en silencio: la acumulación de datos. Y ahí, es donde empieza el verdadero poder.
El fenómeno del Gran Hermano
No hablo de una conspiración de ciencia ficción. Hablo de algo cotidiano. Cada clic, cada ubicación compartida y cada “me gusta” deja un rastro que no se pierde: se guarda, se cruza y se analiza.
Es el Fenómeno del Gran Hermano: un ecosistema donde somos observados por plataformas y gobiernos que saben más de nosotros de lo que imaginamos. No es que seamos importantes individualmente; es que nuestros datos, en masa, son el petróleo del siglo XXI.
Para dimensionar el océano de información que generamos, imagine que cada dato producido en un solo día se convirtiera en un libro físico: la pila resultante sería tan inmensa que alcanzaría para construir un puente de libros que fuera y volviera de la Tierra a la Luna unas 2.500 veces. Estamos produciendo cerca de 2,5 quintillones de bytes diariamente ((2,5 × 10¹⁸ bytes (18 ceros)), una cifra tan astronómica que, si intentara leer toda esa «biblioteca» de un solo día a un ritmo de un libro por minuto, necesitaría que toda la humanidad le ayudara a leer sin descanso durante los próximos siglos para terminar de procesar lo que el mundo creó apenas ayer 2.500.000.000.000.000.000.
El corazón del poder: Las bases de datos

Para entender el futuro, hay que entender dónde vive la información. Imaginen tres formas de guardar los secretos de un país:
Bases de datos Centralizadas: Es como un gran libro contable guardado en una sola oficina. Si la oficina se quema o el dueño del libro decide borrar una página, la verdad desaparece, debido a que solo él posee el usuario y la contraseña. Así funcionan hoy la mayoría de nuestros bancos y entidades públicas.
Bases de datos Descentralizadas: Hay varias copias del libro en distintas oficinas, pero todas responden a un mismo jefe. Hay más seguridad, pero el control lo sigue teniendo un solo dueño.
Bases de datos Distribuidas: Aquí el libro no tiene dueño. Todos los ciudadanos tienen una copia exacta y cualquier cambio debe ser aprobado por la mayoría más uno. Si alguien intenta borrar una página en su copia, las demás lo delatan, la información es inmutable.
Aquí aparece la palabra que todos escuchamos pero pocos dominamos: Blockchain. No es una moda; es una forma distinta de registrar la realidad del ecosistema digital global. Es un sistema donde los datos se escriben en bloques enlazados, validados por miles de computadoras en todo el mundo y virtualmente imposibles de alterar, Lo que pasa en Blockchain se queda en Blockchain.
Con blockchain ya no tiene que confiar ciegamente en la promesa de una institución; ahora puede verificar. Y en un país como el nuestro, donde la confianza institucional suele estar por el suelo, esto cambia las reglas del juego.
Sobre esta tecnología nacen los activos digitales. Bitcoin fue el primero; demostró que podemos transferir valor (dinero, votos, títulos de propiedad) sin bancos, sin permisos, sin registraduría y sin intermediarios. Abrió una puerta que ya nadie puede cerrar.
Para que este sistema sea seguro, existe la minería de activos digitales: un ejército de computadoras que validan transacciones a cambio de incentivos. No es solo «hacer plata», es gobernanza distribuida.
Pero lo más emocionante son los contratos inteligentes. Imaginen programas que se ejecutan solos cuando se cumple una condición. Sin abogados, sin «palanca», sin interpretaciones.
¿Se cumplió la meta de la obra pública? Se libera el pago automáticamente al contratista.
¿Usted cumple los requisitos para un subsidio? El sistema se lo entrega sin que un político deba darle el visto bueno, (derechos humanos digitales).
“En los contratos y en las leyes tradicionales se instauran clausulas y en el software funciones”.
La tecnología ya transformó la democracia; eso ya no está en discusión. La verdadera pregunta es: ¿Vamos a seguir viviendo bajo el la arquitectura tecnológica del Gran Hermano de las bases de datos que unos pocos controlan, o nos atreveremos a diseñar sistemas donde el poder esté realmente distribuido?,
¡El tiempo lo dirá!
En las próximas columnas vamos a bajar estas ideas a la tierra. Hablaremos de los riesgos, de los límites y de las oportunidades reales para Colombia. Porque la democracia digital no es un destino automático: es una decisión que debemos tomar juntos.
Nos leemos en quince días.
Con el
por Redmocracia.
La entrada El mundo produce en un día 2,5 quintillones de bytes ¿Quién guarda nuestros datos y quién decide sobre su uso? se publicó primero en Boyacá 7 Días.

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