
El día en que el Cúcuta Deportivo perdió su reconocimiento deportivo, el golpe no fue solo administrativo: para muchos, aquella decisión significó su “muerte jurídica”.
Según versiones locales de la época, fue el entonces alcalde Yáñez quien, al no facilitar un acuerdo de pago entre el club y el instituto municipal de deportes, encontró el argumento preciso para solicitar ante la Superintendencia de Sociedades la liquidación de la institución, lo que derivó en la suspensión del reconocimiento deportivo por parte del Ministerio del Deporte. Las consecuencias fueron devastadoras. El Cúcuta no solo perdió el escudo: perdió la competencia, su lugar en la Primera División y, lo más grave, el derecho a existir como club profesional.
Fue como arrancarle el alma a una ciudad acostumbrada a resistirlo todo, menos la desaparición de su equipo. El rojinegro quedó en un limbo jurídico, condenado al olvido, mientras el fútbol colombiano seguía su marcha, muchas veces indiferente.
Para buena parte de la hinchada resultaba incomprensible que un conflicto institucional y personal terminara dejando a Cúcuta sin equipo. En ese momento se hablaba de un supuesto interés de terceros en quedarse con la ficha del club, aprovechando la coyuntura para tomar el control bajo discursos de salvación, con respaldo político incluido. Lo que no se tuvo en cuenta fue que la normatividad vigente durante la emergencia sanitaria protegía los derechos adquiridos de las entidades deportivas y que la Ley 1116 permitió al Cúcuta
Deportivo pasar del proceso de liquidación a la etapa de reorganización. Así, el club logró restablecer sus derechos societarios y deportivos. Volvió a competir, pero ya no en la A, sino en la B. No pasó desapercibido que, poco después, el entonces ministro del Deporte, Ernesto Lucena, y el superintendente de Sociedades presentaran sus renuncias.
El regreso a la competencia lo encontró gracias a la decisión del nuevo superintendente de Sociedades, Billy Escobar. A partir de allí, el camino fue largo y doloroso. Cada temporada traía consigo una nueva ilusión y, casi siempre, una frustración más.
El ascenso parecía estar al alcance de la mano: se veía, se tocaba, pero se escapaba en el último suspiro. Año tras año, la historia se repetía, para la desazón de una hinchada que jamás dejó de creer. Para los directivos, en cambio, cada tropiezo se convirtió en un nuevo reto y en un compromiso renovado con la ciudad.
Pero si algo jamás perdió el Cúcuta Deportivo fue su gente. La pasión rojinegra no entró en liquidación, no perdió personería jurídica ni descendió de categoría. Resistió en la memoria, en los barrios, en la frontera, en cada niño que seguía vistiendo de rojo y negro incluso cuando no había equipo que ver.
Porque el verdadero patrimonio del Cúcuta nunca
fue un documento oficial ni una afiliación a la Dimayor: siempre fue su hinchada, y
también sus directivos, que, pese a la presión, supieron mantener la templanza para
reconstruir lo que el “fuego amigo” local había destruido.
En medio del proceso, algunos sectores de la afición nortesantandereana alimentaron la
teoría de que a los actuales directivos no les interesaba ascender por razones económicas. Nada más equivocado y malintencionado.
Precisamente es en la A donde el equipo logra recuperar su verdadera sostenibilidad: mientras en la B los ingresos por taquilla apenas
rondan el 10 %, en la Primera División pueden acercarse al 40 % de los gastos de
funcionamiento anual.
Los grandes rivales de primera división convierten nuevamente a
Cúcuta en una de las plazas más taquilleras del fútbol profesional colombiano. Por eso, el ascenso final cobra un valor que va mucho más allá de lo deportivo: regresar después de haber desaparecido. Reconstruirse en medio de la desconfianza.
Mantener viva una identidad en tiempos de crisis.
En términos históricos, con el Cúcuta Deportivo nuevamente en la A no solo ganan la ciudad y sus hinchas; también gana el fútbol colombiano y la Primera División, que recupera a un competidor que, desde la B, demostró que siempre fue de Primera.
La entrada Cúcuta Deportivo volvió a la A: los partidos más difíciles se jugaron fuera de la cancha – Luis Francisco Lagos #Columnista7días se publicó primero en Boyacá 7 Días.






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